Ante un mismo hecho, es muy dificil que la percepción de dos personas afines no confluya. Será pues que cada uno, cegado por su idea, intente organizar el mismo suceso a su manera. Así se entiende que nuestros deseos no se alcancen ya que hay dos voluntades distintas que trabajan duramente en el mismo lugar.
Tras comprender ésto, lo más sensato es la retirada. Intentar mantener solo fragmenta la voluntad y el ego. La renuncia purga nuestras fuerzas, que resurgirán puras y leales, si algún día la ocasión lo dispone.
Nuestros latidos son incontrolables. No es posible dejar conscientemente de latir, así como no podemos evitar esos momentos en los que nuestro corazón parece salirse del pecho.
A veces, uno siente que no vive salvo en esas ocasiones en las que te sientes palpitar con tal fuerza, que te conmueve.
Emocionarse es vivir, y no hay que tener miedo a ello. Aunque puede surgir cierto recelo cuando nuestro latir se torne irregular. Porque en cuestiones de vida, uno no puede tener la incertidumbre de un pulso variable. Que puede haber accelerandos y ritenutos si, pero siempre dentro de una misma tensión interna que da el ritmo. Que uno se asusta cuando siente una presión diferente, una presión que oprime nuestro sentir.

TIC- TAC

El tiempo vive en nuestros latidos.
Pablo de Tarso, también conocido como San Pablo, fue uno de los principales perseguidores de los cristianos, hasta que se dió cuenta que lo único que hacía era hacerse daño a sí mismo. Tras entender ésto, se convirtió al cristianismo, y llegó a ser el Apóstol Pablo.