Depender de una persona crea profundos vínculos, ligaduras casi intangibles.
Una corriente de fluctuaciones que van y vienen, de estados de ánimo cambiantes, de sobrentendidos. Supone compartir un código de signos que el tiempo ha ido forjando, una memoria común, muchos deseos y quién sabe si algún miedo. Es abrir el alma y disfrazar verdades.

Envolver la verdad con algunas mentiras nos puede hacer sentir protegidos incluso de nuestros sentimientos.