Sie liebte so sehr, dass sie Angst hatte. Als er linke, ihre Befürchtungen wurden bestätigt. Sie hörte Gefühl und Leben auf. Der Druck quälte mich und doch jede Abend, jede Nacht, zwischen bittere Tränen und ich wollte dass aus uns noch einmal etwas wird. Die Zeit kommen nicht, und ich entschied mich zu leben. Dann ich habe versprochen, meinen eigenen Weg gehen. Ich habe versucht, dass Gefühle habe ich nicht, aber es ist egal was ich macht, nicht verlassen aus meinen Kopf. Die Uhr dreht an meine Zeit. Meine jetzige ist zum lernen. Ich hat leben mein leben, doch unsere Sehnsucht ist unendlich. Vielleicht es ist nicht die Zeitpunkt, doch die Zeit wird kommen, und dann werden wir unseren Weg gemeinsam gehen.
La mayoría de conflictos que tiene una persona consigo es debido a considerar bien algo que otros piensan que está mal y que le transmiten a ésta. Y el no poder desarrollar su personalidad porque su contexto se lo impide.
El miedo es la conciencia (o inconsciencia) aprehendida de que nuestras acciones y/o anhelos están mal. Que nuestra vida está mal incluso.
Veo en la agricultura una construcción de vida.

Quien espera desespera

Entender otro gran error: Todo el mundo espera.

Nuestras frustraciones se fundan en no hacer nada. En no atreverse a exigirse a sí mismo lo necesario para conseguir algo que nos gustaría recibir sin esfuerzo. Pero la generosidad sólo se da de manera artificial y nunca de forma pura. Y la gente ya no sabe qué hacer de tanto no hacer.

Las esperas no dan peras

Cuando Pepe aún era pequeño le regalaron un peral. A éste le gustaba mucho la fruta y no podía esperar a probarla, pero la fruta aún verde, tenía un sabor amargo y Pepe se sintió fastidiado. Por otro lado, el peral se sintió rechazado y durante dos primaveras seguidas no se atrevió a dar fruto. El peral no podía esperar más, necesitaba ser, y se hizo hermoso y fuerte. Todo el mundo quería probar aquel peral tan suculento. Tanto fué así que incluso el viento deseaba su fruto, asi que sopló y sopló hasta que se lo llevó. Pepe lloró pensando que había hecho todo lo posible, pero lo cierto es que no había hecho nada. Comprendió que su espera sólo fué despreocupación. Que si realmente hubiera esperado, se habría preocupado de darle cobijo, de procurarle el sol y conseguirle el agua. Pero no lo hizo, y cuando el viento le alentó a que se fuera con él, el peral no tuvo ningún inconveniente.




Es un error esperar a que la fruta madure y caiga por sí sola.
El futuro es un error del presente enfermo que desea dejar de ser sin haber sido.
El pasado anhela un presente que lo supere.
Que a uno se le apodere pensamiento y sentimiento a la vez es de lo más peculiar. El absurdo de la situación estará asegurado. Sentir y no sentir, pensar y no pensar; más bien una bomba a punto de estallar. ¡BOOM!
Siempre he sido de la opinión de que nuestras ideas tardan en cobrar forma y que por tanto no hay que precipitarse en lo que uno piensa. Concurrir con esta afirmación es un claro ejemplo. Pensar nunca es precipitarse, sino tender cuerdas para no caer en el abismo del sinsentido. Por otro lado, las ideas simplemente son. Aquello que tarda en cobrar forma es la representación de éstas en nuestra cabeza que actua como el objetivo de una cámara de fotos, sintonizando con el exterior. Igualmente, la idea, la imagen que tenemos de ésta, será distinta dependiendo de la perspectiva que nosotros, como fotógrafos, apliquemos.
No sé vosotros pero yo me guio por sensaciones. Organizo las etapas de mi vida en función de una percepción. A veces creo pensarlo como distintas maneras de mirar la vida y sus circunstancias. Como distintas formas de entender el mundo. Como distintas formas de existir o de pensar, o de actuar.

Pero otras veces lo reduzco simplemente a una sensación, desprendiendome de las ideas, de los pensamientos, de las miradas. Liberada de conciencia: ¿Qué percibes?

Y tras mucho tiempo de sensaciones diversas, de matices, hubo un instante que me cambió y tras el cual mi vida ya no ha vuelto a ser igual.
Cuando rememoro mi vida pasada, por mi mente discurren fechas, anécdotas, estampas, ¡incluso la imaginación!. Pero sinceramente, lo que a mi me importa, lo que me configura, lo que me sirve, no es nada de esto. Aquello que realmente valoro no es más que la sensación que en mí se produjo.

Al rememorar algún hecho, lo importante no es la palabra exacta, la viva imagen o el momento concreto; sino el evocar aquella sensación que es el verdadero sello producido en nosotros. Y si los recuerdos fluctuan, la imaginación nos ayuda a calibrar el momento y asi lograr lo deseado.