Siempre he sido de la opinión de que nuestras ideas tardan en cobrar forma y que por tanto no hay que precipitarse en lo que uno piensa. Concurrir con esta afirmación es un claro ejemplo. Pensar nunca es precipitarse, sino tender cuerdas para no caer en el abismo del sinsentido. Por otro lado, las ideas simplemente son. Aquello que tarda en cobrar forma es la representación de éstas en nuestra cabeza que actua como el objetivo de una cámara de fotos, sintonizando con el exterior. Igualmente, la idea, la imagen que tenemos de ésta, será distinta dependiendo de la perspectiva que nosotros, como fotógrafos, apliquemos.

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