Cuando rememoro mi vida pasada, por mi mente discurren fechas, anécdotas, estampas, ¡incluso la imaginación!. Pero sinceramente, lo que a mi me importa, lo que me configura, lo que me sirve, no es nada de esto. Aquello que realmente valoro no es más que la sensación que en mí se produjo.

Al rememorar algún hecho, lo importante no es la palabra exacta, la viva imagen o el momento concreto; sino el evocar aquella sensación que es el verdadero sello producido en nosotros. Y si los recuerdos fluctuan, la imaginación nos ayuda a calibrar el momento y asi lograr lo deseado.

0 comentarios: