La locura de hoy es la normalidad de mañana.
Me gustan los aforismos. Éstos, a diferencia de la argumentación, no intentan demostrar nada. En un principio, su objetivo no es otro que el descubrir algo que antes ignorabamos. Sin embargo, su perfección no reside ahi; El hecho de escribirlos de forma aislada permite que el que recibe el mensaje se quede con la duda de haber entendido de forma integra su significado, por lo que a continuación será él quien elabore una serie de explicaciones en su mente que doten de sentido lo aqui expuesto. El juego reside pues, en plantear un enigma mediante el cual se aduce al lector a que pruebe, según su criterio, la verdad de la frase. El enunciado cumple entonces doble función, la de premisa y la de conclusión. Teniendo una aportación redonda, plena. Compartiendo así la idea, y todo gracias a la belleza y sencillez de una frase.
La argumentación es un género con el que cada día me siento menos satisfecha. La lógica en cuanto a filosofía se queda en palabras, pensamientos, ideas; expresadas en forma de argumento, razón o principio.

¿Qué decir si ya no apoyo firmemente principio alguno? Si ya no defino la razón solamente en el pensar y el argumento, obligandome a demostrar coherencia con lo que intento expresar, me limita.

Que hay un retazo de algo que queremos manifestar que aparentemente es incongruente, porque quizá la razón es insuficiente para conocerlo. Que hay algo que va más allá de lo dicho, que no intenta hacerse entender sino que busca alcanzar nuestro sentir y compartirlo.
¿Buscas respuestas? Pues acude a la pregunta.
El misterio permite a cada cual crear su propia verdad.