Nuestros latidos son incontrolables. No es posible dejar conscientemente de latir, así como no podemos evitar esos momentos en los que nuestro corazón parece salirse del pecho.
A veces, uno siente que no vive salvo en esas ocasiones en las que te sientes palpitar con tal fuerza, que te conmueve.
Emocionarse es vivir, y no hay que tener miedo a ello. Aunque puede surgir cierto recelo cuando nuestro latir se torne irregular. Porque en cuestiones de vida, uno no puede tener la incertidumbre de un pulso variable. Que puede haber accelerandos y ritenutos si, pero siempre dentro de una misma tensión interna que da el ritmo. Que uno se asusta cuando siente una presión diferente, una presión que oprime nuestro sentir.

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